PERDONAR

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 17 de Septiembre de 2017

REFLEXIÓN

         Fijémonos en el comienzo de este pasaje: Pedro le pregunta a Jesús si ha de perdonar hasta siete veces y Jesús le responde que hasta setenta veces siete. Expresión que en aquel entonces equivalía a siempre.

         La parábola que añade a Jesús nos hace reflexionar sobre varias cosas:

         1.- El perdón no es cuestión de contabilizar el número de veces que hemos de perdonar, sino que es una actitud ante las personas que brota del corazón.

         El perdón no es el primer sentimiento que tenemos cuando alguien nos ofende. Nos cuesta perdonar y a veces nos cuesta mucho.

         Hay ofensas que nos causan heridas tan profundas que tardan mucho en curarse y no las podemos olvidar por mucho que lo intentemos; pero no podemos dejarnos llevar por ese recuerdo y por ese dolor.

         El perdón como actitud es, a pesar de no poder olvidar la ofensa, estar dispuesto a acoger y a tender la mano si el que nos ha ofendido nos pide ayuda.

         2.- ¿Cómo podemos superar la ofensa y llegar a tener una actitud de misericordia?

         Solamente cuando hemos vivido la experiencia de ser perdonados.

         Cuando alguien a quien hemos ofendido nos ha perdonado de corazón, recuperamos la paz, la serenidad y la alegría al sabernos tratados con misericordia y  comprensión.

         Esa experiencia es la que tenemos cuando nos confesamos bien. Cuando nos acercamos al Sacramento del Perdón poniendo nuestras miserias en manos del Señor y su Amor sin límites llena nuestro corazón.

         Y algo más: El Señor no cuenta cuántas veces le pedimos perdón porque hacemos mal las mismas cosas porque quiere que estemos junto a El, que vivamos con alegría. Nos perdona setenta veces siete y espera que nosotros hagamos lo mismo.

         3.- No es justo, como no lo fue el comportamiento del empleado de la parábola, no perdonar al que nos ofende cuando Dios nos perdona tantas veces y no dudamos que siempre lo hace.

         La desproporción entre nuestras ofensas a Dios y las que nos hacen a nosotros es tan grande como la de los personajes de la parábola.

         No nos creamos  con derecho a juzgar y condenar cuando nosotros no hemos sido juzgados ni condenados por el Señor.

         4.- Tal vez necesitamos acercarnos a la confesión no con la rutina con que lo hacemos muchas veces, sino con un sincero arrepentimiento y una profundidad de sabernos amados y perdonados por el Señor para poder hacer nosotros lo mismo.

REFLEXIONEMOS UN MOMENTO EN SILENCIO:

*¿Cuántas veces y en cuantas ocasiones no perdonamos o no queremos perdonar?

*¿Hemos de cambiar nuestra actitud ante el Sacramento de la Confesión y llamarlo mejor el Sacramento del Perdón?

CORREGIR

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 10 de Septiembre de 2017

REFLEXIÓN

         1.-Muchas veces hemos recordado que la Parroquia debe ser una Gran Familia en la que todos estemos unidos por el Amor y nos comportemos como hermanos.

         Aunque actuemos con buena voluntad,  cumplir ese objetivo no es fácil. Todos somos personas con nuestras cualidades, nuestros defectos, debilidades… y eso comporta que, unas veces queriendo y  otras sin querer, nos hagamos daño unos a otros de muchas maneras.

         Cuando nos hacemos daño no cumplimos el único mandamiento importante de Jesús: Que nos amemos unos a otros como hermanos, y no cumpliéndolo no cumplimos todos los mandamientos de la Ley de Dios como nos los recuerda S. Pablo.

 

         2.-Jesús nos pide hoy que nos ayudemos unos a otros a ser  cada vez mejores poniendo en práctica el mandamiento del Amor, corrigiéndonos mutuamente las cosas que hacemos mal para mejorarlas.

         Para que esa corrección sea provechosa necesitamos en primer lugar

*HUMILDAD, reconociendo que nos equivocamos, que somos imperfectos, que hacemos cosas mal y que necesitamos ayuda, aceptando agradecidos esa corrección que nos hace caer en la cuenta y nos anima a perfeccionarnos y a ser mejores.

*AMOR. Hemos de comenzar siendo nosotros humildes porque no somos siempre buenos, y así, con humildad, nuestra corrección estará hecha con bondad, con delicadeza y con amor.

         Cuando la corrección no está hecha con amor dejándonos llevar por el enfado porque hemos sido ofendidos, en lugar de corregir hacemos daño, humillamos y tratamos mal porque prevalece más el deseo de juzgar y condenar y que el deseo de corregir con bondad, paciencia y humildad, y ayudar a que el otro mejore. No es una corrección sino una ofensa.

 

         3.- Por mucho que nos esforcemos en no hacer daño y en ayudarnos mutuamente, no es fácil conseguirlo porque son muchas y a veces grandes nuestras imperfecciones. Por eso necesitamos de la Oración.

         También nos recuerda hoy el Señor que cuando dos están reunidos en su nombre pidiendo algo al Padre, el Padre se lo concederá.

Así que necesitamos rezar por nosotros mismos pidiendo al Señor que nos enseñe y nos ayude a Amar como El nos ama.

         Y necesitamos rezar unidos pidiendo al Señor lo mismo, como El nos recuerda, con la confianza de que nos escucha y nos concede su gracia que  hemos de procurar y saber aprovechar.

 

         4.- Reflexionemos ahora y durante estos días cuales son los daños que hacemos a los demás.

         Y pidámosle que escuche nuestra oración para que nos ayude a corregirlos y seamos cada día mejores, comportándonos como hermanos de la Gran Familia de los hijos de Dios.

ME DEJE SEDUCIR

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 3 de Septiembre de 2017

REFLEXION

         1.- El profeta Jeremías se encuentra en una situación muy difícil y arriesgada. Ha descubierto que Dios le ama  con amor infinito y se ha dejado seducir. Se ha enamorado del Señor y se ha quedado atrapado por ese amor infinito.

         Dios, que confía en él, le encomienda una difícil misión: Hablar a su pueblo denunciando su infidelidad, sus pecados, su alejamiento de Dios… y el castigo que eso conlleva: destrucción, sufrimiento, superioridad de sus enemigos.

         El cumplimento de esa misión le lleva a recibir insultos, persecuciones, desprecios;  es tan duro que decide no hablar más, no decir nada más en nombre de Dios y retirarse. Pero no se puede resistir al cumplimento de su misión y lo hace recordando que Dios le ha dicho: No tengas miedo, Yo estaré siempre contigo.

         2.- Es lo miso que le ocurre a Jesús. Comparte con sus discípulos  sus miedos, su preocupación, su angustia de lo que le espera: tiene que sufrir mucho y ser entregado a la muerte en cruz  a manos, precisamente, de las autoridades religiosas judías.

         Jesús manifestará esa terrible angustia en el Huerto del los Olivos pidiendo al Padre que le libre de tanto sufrimiento, pero como Jeremías, aceptará cumplir su misión haciendo la voluntad del Padre.

         Pedro quiere convencerle de que no lo tiene que consentir, pero Jesús lo rechaza con energía porque piensa como los hombres y no como Dios. Las palabras de Pedro son una tentación para que no cumpla la voluntad del Padre. Pero Jesús quiere ser fiel.

         3.- A nosotros nos puede ocurrir lo mismo. Ser cristianos nos puede acarrear complicaciones y conflictos que vengan de fuera de nosotros: de nuestra familia, el trabajo, los amigos, las personas que nos rodean… porque nuestras palabras y nuestro comportamiento pueden ser una denuncia de la incoherencia, las injusticias, los egoísmos, las ambiciones, las mentiras, los abusos…  que hay en nuestro entorno.

         Pero es mucho más duro cuando tenemos el conflicto dentro de nosotros por nuestro miedo, nuestra cobardía, la tentación de evitar los conflictos a que nos puede llevar se coherentes viviendo y comportándonos de acuerdo a nuestra condición de cristianos. Tenemos la tentación de callar y huir evitando así cualquier sufrimiento por nuestra fidelidad a Jesús.

         A pesar de todo ¿estamos dispuestos a ser fieles al Señor y vivir siempre como cristianos?

         4- Cuando cedemos a la tentación podemos tener la sensación no sólo de que nos apartamos e Dios, sino de que Él se ha alejado de nosotros.

         Jesús nos invita hoy a revisar nuestra vida, replantear nuestro comportamiento y pedirle en nuestra oración que nos mantenga fieles a Él, a la misión que nos ha encomendado y a hacer siempre su voluntad aunque nos cueste.

QUE DICES DE MI

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 27 de Agosto de 2017

REFLEXIÓN

         1.- Jesús nos hace a nosotros las mismas preguntas que hizo a sus discípulos: ¿Qué dice la ente que soy Yo; y vosotros ¿Quién decís que soy Yo?

         Como entonces también hoy hay diversidad de opiniones y pareceres sobre quién es Jesús; pero a Jesús le interesa saber lo que respondemos nosotros. Quizá nos quedemos callados como los discípulos o nuestras respuestas son las que aprendimos en el catecismo o en las diversas reuniones y charlas de formación a las que hemos asistido.

         Esa respuesta no es la que le interesa a Jesús. Él quiere saber qué lugar ocupa en nuestra vida, qué importancia tiene para nosotros, qué nos aporta a nivel personal. Espera una respuesta al estilo de lo que respondió Pedro: Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios.

 

         2.- Qué respuestas deberíamos dar. Os propongo algunas:

*JESÚS ES MI AMOR PRIMERO. Es Él quien ocupa mi corazón, es el centro de mi vida, mi amor a El está por encima de todos mis amores.

*JESÚS ES MI SALVADOR. Perdona mis pecados siempre que acudo a El, me libera de las cadenas que me atan y no me dejan hacer el bien: Mis pasiones descontroladas, mi carácter que no puedo dominar, mis malos hábitos y costumbres, mi debilidad ante la tentaciones… Me salva, me hace libre, me fortalece para no caer en la tentación.

*JESÚS ES MI LUZ. Cuando caigo en un pozo oscuro de tristeza, desánimo, desesperanza; cuando sólo veo lo malo, lo oscuro, lo negativo que me rodea, ilumina mi vida y su Luz me hace descubrir que siempre hay un camino, una ventana, una lámpara, una razón para seguir luchando, seguir viviendo, volver a sonreír.

*JESÚS ES MI CAMINO. Él, con su Palabra y su Vida, me enseña lo que debo hacer, cómo debo actuar, qué criterio he de tener, en qué he de cambiar o que aspecto de mi vida debo corregir y mejorar.

*JESÚS ES MI VIDA. Sin Él no soy nada. A Él acudo en los momentos de tristeza y de alegría, cuando estoy cansado y agobiado, cuando me siento débil o confundido… Y en Él encuentro la paz y la serenidad; sé que me escucha y me comprende; de Él recibo el abrazo lleno de ternura y la compañía que necesito cuando me siento solo y desanimado.

*NECESITO ESTAR CON ÉL, HABLAR FRECUENTEMENTE CON ÉL de mis cosas, mis intimidades. Abrirle mi corazón cada día. Él ya sabe lo que me ocurre, pero quiere que se lo diga y yo necesito decírselo.

 

         3.- Con cuál o cuáles de estas afirmaciones podría responder a cualquiera que me pregunte: “Quién es Jesús para mí”.

         Alguna de estas respuestas debería surgir espontáneamente de nuestro corazón. Si no es así, hemos de preguntarnos si nos conformamos con decir que somos cristianos más o menos practicantes o si hemos de pedirle al Señor todos los días que aumente nuestra fe para vivir como Él vivió.

PREJUICIOS

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 20 de Agosto de 2017

REFLEXIÓN

        

1.- El Pueblo Judío es un pueblo orgulloso porque es heredero de las promesa de salvación de Dios y se cree con el derecho de menospreciar y humillar a quienes no son judíos, diciendo que no tienen derecho  a la salvación porque además no conocen ni cumplen la Ley y todos los mandatos.

         A pesar de que se lo han recordado muchas veces los profetas, es un Pueblo que se olvida de que Jesús ha venido a salvar a todos los hombres, que para El no hay derechos excluyentes ni humillantes, porque sólo le interesa el fondo del corazón de las personas, su fe y su confianza en El. Eso es lo que ve en el corazón de aquella mujer cananea y alaba y se alegra de lo grande de su Fe. Una fe que mueve a Jesús a concederle lo que pide.

 

         2.- Con demasiada frecuencia nosotros somos como el Pueblo Judío.

*Nos consideramos buenos cristianos, pensamos que cumplimos con nuestras obligaciones y nuestras prácticas religiosas, nos creemos con derecho a la salvación, a exigir a Dios que nos conceda lo que le pedimos.

*Rechazamos y miramos de forma sospechosa a quienes no son como nosotros porque son de otro país, otra cultura, otra religión, o simplemente no cumplen lo que consideramos nuestras obligaciones y prácticas religiosas

*Ponemos barreras, creamos distancias, tenemos palabras y comportamientos que humillan. Tenemos muchos prejuicios que crean división, enfrentamientos y a veces situaciones violentas.

*No somos como Jesús. Nos falta misericordia, comprensión, respeto a los demás, bondad de corazón. No podemos ser como los discípulos que piden a Jesús que atienda a la mujer porque les molesta y así se marchará.

*Cuando nos damos cuenta de que somos así y debemos cambiar, puede ser que sigamos haciendo lo mismo porque consideramos que es muy difícil modificar nuestros hábitos y ser de otra manera. En ese caso nuestro modo de ser cristianos no afecta para nada a nuestra vida y una cosa es lo que decimos creer y otra lo que realmente vivimos.

Deberíamos ser como la mujer cananea: reconocer con humildad que no tenemos fuerzas, que no podemos cambiar, que aunque no lo merezcamos somos como perritos que confiamos y esperamos que nos hagan caso, y con profunda fe y confianza acercarnos al Señor diciéndole con insistencia: SEÑOR, AYUDAME!!!

 

3.- Reflexionemos un momento:

++¿Cuáles son nuestros prejuicios? ¿Qué barreras ponemos?

++¿Somos capaces de ver las cosas buenas de los demás?

++¿Qué debemos cambiar para atender a los demás con la misma misericordia que Jesús?

++Confiemos en la bondad y la misericordia del Señor y digámosle: Señor, ayudame!!

TEMPESTADES

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 13 de Agosto de 2017

REFLEXIÓN

         1.-Jesús despide a la multitud que le estaba escuchando, envía a los discípulos a que le esperen en la otra orilla del lago y El se queda solo para orar. A los discípulos les sorprende una enorme  tempestad y llenos de miedo se asustan al ver llegar a Jesús que se acerca a ayudarles.

         Nos podemos ver muy identificados en esta situación

         2.- Nuestra vida es como una barca que navega mar adentro y que con mucha frecuencia se ve zarandeada por enormes tempestades.

*Tempestades que tienen que ver con nuestra fe porque nos sentimos llenos de oscuridad, con muchas dudas e interrogantes, sin saber qué hacer y en qué dirección caminar. Porque nos remuerde la conciencia, porque se debilita nuestra relación con Dios, porque nos parece que el Señor está lejos, guarda silencio y no nos hace  caso.

*Nos vemos zarandeados por la dentellada de una enfermedad importante e inesperada que altera todos nuestros planes y nuestra vida.

*Porque se tambalea nuestro trabajo, podemos perderlo, se está hundiendo nuestro negocio, nuestro sueldo es bajo y nos cuesta llegar a final de mes.

*Vivimos en nuestra familia una enorme tempestad por desencuentros, falta de diálogo, falta de comprensión y de respeto, desconfianzas, acusaciones, humillaciones.

*Tempestades en nuestra sociedad y que también nos afectan: Guerras, violencia, abusos de autoridad, injusticias…

*Tempestades en el seno de la Iglesia o de la parroquia por los malos ejemplos, por la incoherencia con laque vivimos, por las ambiciones, el deseo de cargos, la falta de amor, de comprensión, de perdón, la necesidad de una Iglesia renovada, más humana, más cercana, con un lenguaje más sencillo en el anuncio del Evangelio…

         3.- Pensamos que estamos solos, que el Señor no se ocupa de nosotros y esperamos un milagro o una manifestación del Señor grande que nos convenza de que está con nosotros y nos ayuda. Pero ese no es el modo de actuar del Señor.

         El Señor viene a nuestro encuentro en el silencio, en la brisa suave, como para no molestar. Y como el profeta Elías y como Pedro nos cuesta reconocerlo. Pero el hecho es que el Señor camina con calma por encima de todas las tempestades y nos invita a seguirle, a confiar en El para no hundirnos. Como Pedro también dudamos, nos falta confianza, nos falta estar convencidos de  que el Señor está a nuestro lado y no nos abandona.

         Sólo cuando no dudamos, cuando confiamos totalmente en el Señor, es cuando encontramos la calma, la serenidad y la paz. Pero dudamos y desconfiamos demasiadas veces.

 

         Pensemos un momento, ¿cuáles son nuestras tempestades, las situaciones que zarandean nuestra vida?

         Pidamos al Señor que nos ayude a reconocerlo en el silencio y en las pequeñas cosas d la vida, que aumente nuestra confianza y nuestra fe en El para que nos ayude a recuperar la paz y la calma.

REPLANDECER

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN

Domingo 6 de Agosto de 2017

REFLEXION

         Después de decirles varias veces que tenía que sufrir mucho por parte de las autoridades judías, ser  azotado, condenado… Jesús quiso fortalecer la fe de los discípulos, se los llevó a una montaña alta y se manifestó ante ellos con toda su gloria y su grandeza.

         En este acontecimiento hay dos mensajes para nosotros:

 

         1.- También nosotros somos invitados a contemplar su gloria y su grandeza. Más aún, a entrar en la nube, como los discípulos, y participar de ella, de esa gloria, y escuchar la voz del Padre.

         Ese es el sentido último de nuestra vida y hacia el que hemos de caminar cada día.

         Hemos de vivir con los pies en la tierra pero con los ojos mirando al cielo para no perder  el rumbo de nuestro camino ni olvidarnos de que nos hemos de ir transformado, transfigurando, cada día para parecernos cada vez más al Señor y manifestar su gloria en nuestra vida.

 

         2.- Como los discípulos  también nosotros oímos continuamente la voz del cielo:”Este es mi Hijo predilecto. Escuchadle

         No es lo mismo oír que escuchar. Podemos oír muchas cosas que nos son indiferentes y no prestar atención. Escuchar es poner atención a lo que se nos dice para entender y reconocer el mensaje que se nos quiere hacer llegar.

         Cada vez que celebramos la Eucaristía, cada Domingo, proclamamos la Palabra de Dios y cada vez que leemos por nuestra cuenta un pasaje de la S.E. llega a nosotros la Palabra  Dios.

         Podemos oír y no escuchar. El Señor nos dirige su Palabra para que la escuchemos como dirigida personalmente a cada uno,  la meditemos preguntándonos: Qué me quiere decir el Señor, qué quiere que haga, que cambie, que corrija, que ponga en práctica para que mejore tanto en mi relación con el Señor como en el trato con los demás.

 

  1. Escucha, pon en práctica, mejora, cambia…

**¿Qué actitud tenemos ante la Palabra de  Dios, la Palabra de su Hijo predilecto? ¿Escuchamos con atención? ¿Respondemos con prontitud y con alegría?

**Ese es el camino que nos irá cambiando, transformando, transfigurando, para pareceros cada vez  más  a Jesús y manifestar su gloria.

**Intentemos responder a esas preguntas y hagamos algún  pequeño  compromiso respecto a lo que hemos d cambiar o mejorar esta semana.

MI TESORO

DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 30 de Julio de 2017

REFLEXIÓN

         1.- Durante varios domingos el Evangelio nos ha ido ofreciendo diferentes parábolas en las que Jesús habla del Reino de los Cielos.

         Hoy lo presenta como un tesoro y una perla preciosa que quien lo encuentra se llena de alegría y está dispuesto a venderlo todo para compararlo.

         Lo primero que se me ocurre es plantearme una pregunta: ¿Qué es el Reino de los Cielos? La respuesta inmediata que daríamos es que es el Cielo a donde esperamos ir después de la muerte. Sin embargo Jesús enseña algo más:

El Reino de los Cielos es descubrir y reconocer que Dios nos ama siempre con un Amor sin límites y sin condiciones y que del mismo modo nosotros hemos de amara los demás.

 

         2.- Si lo hemos descubierto se convierte para nosotros en el mayor tesoro que podemos poseer y que deberíamos estar dispuestos a conservarlo renunciando a todo lo necesario para poseerlo y no perderlo, de modo que Dios también se convierte para nosotros en nuestro Amor Primero.

         Este descubrimiento es motivo para vivir con gran alegría, con fortaleza, con esperanza, con serenidad y con paz en todos los momentos tanto buenos como malos porque el Señor está siempre con nosotros y nunca nos deja solos.

         Y a la vez es también nuestra responsabilidad porque hemos de esforzarnos en amar a los demás como nos ama el Señor.

 

         3.- Esto es lo que debería ser. Pero en realidad, ¿Cuál es nuestro tesoro, o lo que consideramos tesoros en nuestra vida?

         Seguro que tenemos algunos, y tal vez son tesoros que no dejan espacio en nuestro corazón ni tiempo para El Señor. Tesoros que nos llenan de preocupaciones, de sufrimientos, de miedo de perderlos, de inquietud y de inseguridades. Y que nos impiden afirmar que amamos a Dios sobre todas  las cosas.

         4.- Aunque a veces no caemos en la cuenta, hay dos grandes pecados en nuestra vida:

*No Amar a Dios sobre todas las cosas y por tanto tenerlo desplazado del centro de nuestra vida y que no sea nuestro tesoro.

*La falta de Amor a los demás, y como consecuencia cualquier cosa que haga daño a los demás: pensamientos, sentimientos, palabras, obras… faltas de amor y de bondad.

 

*Pensemos un momento si el Señor es nuestro tesoro y si hacemos las cosas como El espera de nosotros.

*Y oremos como Salomón, pidiéndolo luz y sabiduría para saber distinguir siempre lo que está bien de lo que está mal.

 

PARA DIOS NO HAY VACACIONES

PARA DIOS NO HAY VACACIONES

 

Algunos ya las están disfrutando y otros las comenzarán en breve.Las vacaciones son necesarias para la salud del cuerpo y del alma. Necesitamos serenarnos, relajarnos, recuperar energías y hacer cosas importantes que durante el curso no podemos hacer por falta de tiempo., Por ejemplo estar más tiempo con la familia, tener más tiempo para rezar, para reflexionar, para leer, para dedicarlo a nuestras aficiones, a cuidar de nuestros amigos…

Pero sobre todo es importante dedicar un poco más de tiempo a Dios. 

Dios no se toma vacaciones, al contrario. Somos nosotros quienes nos olvidamos de El dando importancia a todo lo anterior, que ciertamente es importante,  pero también es muy importante no olvidarnos del Dios en quien creemos, que da sentido a toda nuestra vida, a quien buscamos en los momentos difíciles, en quien nos apoyamos cuando necesitamos un brazo fuerte o un hombro amigo en quien apoyarnos, o cuando necesitamos un abrazo largo lleno de ternura, ese abrazo que sólo nos da el Señor.

Sólo quiero ser para vosotros el recuerdo de que somos un poco egoístas si sólo buscamos a Dios en la dificultad. Busquémoslo siempre, también en los momentos buenos, porque es el Amigo que nunca falla, que siempre está ahí, que nada nos reprocha y que se alegra y disfruta de oír que le decimos te quiero.

Pasad un buen verano y disfrutad de las vacaciones, y no os dejéis a Dios por el camino; Él también forma parte de la familia.

CIZAÑA

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARI CICLO A

Domingo 23 de Julio de 2016

REFLEXIÓN

         1.- Impresiona como  con imágenes y ejemplos sencillos tomados de la vida diaria, Jesús hablaba entonces y nos habla hoy a nosotros de actitudes y comportamientos en nuestra vida diría.

         Casi como continuación de la parábola del sembrador del domingo pasado y si seguimos leyendo el pasaje de hoy, Jesús nos dice:

*El campo en el que se siembra la semilla es el mundo. El Sembrador es Jesús. La semilla son los ciudadanos del Reino.

Podemos volver a preguntarnos si cada uno de nosotros, al menos esta semana, hemos preparado la tierra de nuestro corazón para recibir como buena semilla su Palabra. Pero en esta ocasión la semilla somos nosotros, los ciudadanos del Reino, los cristianos. O lo que es lo mismo la simiente que vamos esparciendo por el mundo es el ejemplo de nuestra vida.

2.- *El sembrador de la cizaña es el Diablo. Hay cizaña en nuestro corazón que convive con el trigo. Cuando nos damos cuenta tenemos prisa en arrancarla y tirarla al fuego, pero nos podemos equivocar y lo que nos parece cizaña puede ser al fin trigo bueno que de mucho fruto.

 Pero hemos de estar atentos para no dejar crecer en nuestro corazón la cizaña de los malos sentimientos, los malos deseos, las pasiones incontroladas, los rencores y los deseos de venganza que nos empuja a hacer el mal y amargan nuestra vida.

*Y también somos nosotros cizaña si nuestro comportamiento y nuestra vida está dirigida por el Maligno que nos empuja a dejarnos llevar por nuestras pasiones, envidias, amenazas, egoísmos, malas intenciones y somos cizaña que hace presente el desamor, el enfrentamiento y la división, el rencor. Nuestras palabras y nuestros comportamientos pueden estar llenos de la ponzoña del Diablo y vamos por la vida haciendo daño, creando división, violencia, enfrentamiento, falta de paz… Somos cizañeros

Y ya sabemos: La cizaña será quemada en el fuego.

3.- El Señor tiene paciencia con nosotros y nos da tiempo para el arrepentimiento, la conversión, el cambio de vida… Y tal vez podemos ser trigo bueno.

Tengamos también paciencia con nosotros y con los demás; los cambios en nuestra vida se van produciendo poco a poco si somos constantes en el esfuerzo, constantes en la confianza y en aprovechar la gracia y la ayuda el del Señor. No  caigamos en la desconfianza ni en el desánimo y procuremos vigilar el crecimiento del trigo y procuremos que no crezca la cizaña en nosotros.

 Confiemos en el Señor y dejemos que a su tiempo sea quien valore nuestra vida y vea si somos trigo o cizaña, si hemos hechos el bien o el mal, si con nuestra vida hemos construido el Reino o lo hemos ido destrozando.

Apartémonos de quienes siembran cizaña en nuestro corazón. No seamos nosotros cizañeros y sembradores de cizaña en nuestro entorno. Sembremos trigo bueno y procuremos ayudar a que el trigo bueno crezca en nosotros y  en  los demás.