ESCÁNDALO

DOMINGO  XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 27 de Septiembre de 2015
REFLEXION
         1.- Nos llamamos cristianos porque nos consideramos discípulos de Jesús y deseamos parecernos cada vez más a Él poniendo en práctica sus enseñanzas y teniendo su misma forma de pensar y de comportarnos, teniendo en cuenta que también esa es una manera sencilla de anunciar el Evangelio.
         2.- Las lecturas de hoy nos hacen pensar en algunos aspectos de nuestra vida que se alejan del modelo de Jesús:
I.- En ocasiones tenemos un comportamiento como el de Juan tal como nos narra el Evangelio: “Señor hemos visto a uno que estaba echando demonios en tu nombre y no es de los nuestros, y se lo deberíamos impedir.”
         Y la respuesta de Jesús no deja lugar a dudas: Quien no está contra nosotros está a favor nuestro.
         Deberíamos tener siempre la intención y el deseo de unir nuestros esfuerzos a los de todas las personas que hacen el bien sean o no cristianos, comprometiéndonos en la tarea de cambiar el mundo haciendo presente el Amor y la Misericordia de Dios.
         Hay quien dice que no es creyente y actúa con más coherencia que nosotros y a veces nosotros somos demasiados selectivos.
II.- Otras veces no damos mucha importancia a nuestro comportamiento aunque sea impropio del cristiano. Nuestras obras no reflejan nuestra fe y en lugar de ser buen ejemplo, somos un mal ejemplo tan grande que resulta escandaloso, y en lugar de hacer atractivo el rostro y el mensaje de Jesús, lo deformamos y contribuimos a que se alejen de El.
         No olvidemos que Jesús tiene palabras muy duras para quienes dan escándalo, deforman su mensaje y dañan la vida y la conciencia de quienes buscan el bien y la verdad.
III.- Lo ha sido muchas veces en la historia, pero actualmente es demasiado visible el comportamiento que denuncia Santiago en la segunda lectura: Vuestra riqueza está podrida. El grito de los pobres, de aquellos a quienes habéis robado, a quienes habéis privado de trabajo, casa, comida, salario justo, dignidad… llega a los oídos de Dios.
         No somos grandes amontonadores de riqueza ni grandes defraudadores, pero ¿son justos todos los bienes que tenemos? ¿Pagamos salarios justos o explotamos exigiendo mucho trabajo por poco salario?
         No es propio del cristianos pensar siempre en el beneficio propio y dejar al marjen o bien olvidar a los más pobres y excluidos.
 
         Hagamos nuestra la palabra de Dios, como dirigida a cada uno, y que nuestra oración nos lleve a preguntarnos qué debemos hacer para ser justos y misericordiosos como lo es el Señor.

AMAR ES SERVIR

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 20 de Septiembre de 2015
REFLEXIÓN
         1.- “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”.
         Ponerse en el último lugar y ser servidor de todos lo hemos oído muchas veces en boca de Jesús porque ese es el modo como Dios nos ama y como El quiere que amemos a los demás. Sin embargo ¡cuánto nos cuesta !. Nos cuesta entenderlo y hacerlo.
         Es más fácil entenderlo si nos fijamos en lo que hacen nuestros padres y lo que hacemos nosotros como padres: Todo el trabajo, las preocupaciones, el interés, el esfuerzo económico y humano… Todo para que los hijos sean felices. Y sólo por una razón: Por amor.
         Por tanto, podríamos llegar a una conclusión: quien más ama es quien más sirve aunque eso suponga ser el criado de todos y aunque nadie lo agradezca.
         2.- Estos días son muchísimas las  imágenes que nos golpean y nos indignan de miles de personas, también ancianos y niños, que huyen del horror de la guerra, del hambre, de la persecución…. buscando una vida en paz, más digna, más justa; pero se encuentran con muros y puertas cerradas para que no molesten y no creen problemas
         Con demasiada frecuencia pensamos y actuamos de forma contraria a lo que nos pide Jesús. Deseamos ser los primeros, que todos nos sirvan, que nos traten con respeto y dignidad y nos olvidamos de los demás.
         3.- Jesús, por amor, consintió ser tratado como un malhechor, ser condenado a muerte.. Y todo en silencio, sin protestas, sin condenas. Más bien lo contrario: Desde la Cruz exclamaba:”Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” y prometiendo el paraíso al que, crucificado con El, estaba arrepentido.
         ¿Nos acercamos a Jesús con la humildad de reconocer lo que hemos hecho mal, para pedir perdón?
         ¿Confiamos en que siempre nos perdona porque nos quiere, o se apodera de nosotros el miedo y la vergüenza?
         ¿Nos damos cuenta de que hacemos cosas mal y necesitamos de su perdón y alegrarnos porque nos ama?
         4.- Os propongo dos cosas:
*Esforzarnos en ser servidores de todos sin protestar y sin esperar agradecimiento, porque lo hacemos con el corazón.
*Acercarnos al sacramento del perdón porque en él experimentamos el amor de Dios misericordioso y compasivo.

QUIEN DECÍS QUE SOY YO

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo  13 de Septiembre de 2015
REFELXIÓN
         1.- Vosotros quién decís que soy Yo?
         Podemos dar respuestas de libro aprendidas en la clase de religión y en las catequesis. Pero eso no es lo que espera el Señor ni la gente. Esperan la respuesta que nace del corazón, la respuesta que para nosotros es vida.
         Si no somos capaces de dar una respuesta que esté empapando toda nuestra vida, tendremos que pararnos a pensar si nuestra fe es una fe muerta, una fe que sólo  son palabras y apariencias, porque la fe viva traspasa la frontera del pensamiento y rebosa en nuestras obras, actitudes y comportamientos.
         ¿Es nuestro comportamiento propio de un cristiano? Manifiestan nuestras obras que vivimos o hacemos lo que creemos, o por el contrario nuestra fe va por un camino y nuestra vida por otro?
         2.- Jesús nos advierte muchas veces en el Evangelio que  poner en práctica su mensaje, no es fácil. Más bien es duro. Es llevar nuestra cruz de cada día y seguirle viviendo como El vivió. Y hacer las cosas de otro modo es pensar como los hombres, no como Dios.
         3.- Ambas afirmaciones de Jesús nos conducen a preguntarnos si nuestro conocimiento del mensaje de Jesús es superficial, poco serio y profundo; o quizá hemos de preocuparnos de mejorar nuestra formación cristiana. Y si el mensaje que hemos recibido lo hemos reflexionado y profundizado y lo hemos convertido  o lo estamos convirtiendo en vida.
         Si lo estamos convirtiendo en vida, casi sin darnos cuenta estaremos siendo evangelizadores porque nuestras obras y nuestro comportamiento será un constante anuncio del mensaje de Jesús.
         Y también debemos preguntarnos si, porque en ocasiones nos resulta difícil,  estamos dispuestos a cargar con la cruz y ser fieles a nuestros compromisos personales con el Señor.
         No vale la excusa de que abandonamos o no queremos seguir con el esfuerzo de ser cristiano porque es duro, trabajoso y sacrificado como lo fue para Jesús porque no podemos olvidar que ser fiel hasta la muerte sólo es posible para el que ama como nos amó el Señor.
         ¿Qué queremos hacer?
         Esa es la pregunta que hoy debemos hacernos ante el Señor y descubrir qué estamos dispuestos a responder.

SORDOS Y MUDOS

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 6 de Septiembre de 2015
REFLEXIÓN        
         1.- Al leer y reflexionar este pasaje del Evangelio, me siento identificado con el sordomudo del Evangelio. Y creo que muchos nos podemos sentir identificados con él.
ESTAMOS SORDOS
         + Sordos para escuchar la Palabra de Dios. Ante la Palabra de Dios tenemos una actitud de distracción, poca atención y desinterés.
 A veces sólo atendemos y entendemos lo que nos interesa. Y otras veces no queremos escuchar porque nos cuestiona y nos pide otra forma de vivir. Es mejor no escuchar y olvidar lo que nos conviene.
         + Sordos para escuchar a los demás. Oímos con gusto, los halagos  y felicitaciones, pero  nos hacemos los sordos cuando nos corrigen, o nos dicen que somos incoherentes, que decimos y hacemos lo que nos interesa, que mentimos y buscamos nuestro propio provecho aunque hagamos daño a los demás.
         + Somos sordos a los gritos de ayuda y al llanto de los excluidos, los que pasan hambre, los enfermos, los que están solos, los que no tienen trabajo, los que son víctimas de injusticias absurdas. Y esa sordera nos hace vivir de espaldas y al margen de los problemas y los sufrimientos de los demás.
         2.- SOMOS MUDOS
         + Ante todas las realidades de injusticia, de abuso de autoridad, de exclusión, de decisiones interesadas o absurdas de quienes gobiernan. Preferimos callar para no complicarnos la vida y no meternos en problemas.
         + Somos mudos cuando nos avergonzamos de ser cristianos. Y callamos ante comportamientos, criterios, opiniones, decisiones claramente contrarias a la Ley de Dios, a las enseñanzas de Jesús y a la dignidad de las personas.
         + Somos mudos cuando tenemos la oportunidad de hablar de Jesús y anunciar su mensaje  de amor, de paz, de perdón… y no aprovechamos el momento.
         3.- El sordomudo acudió a Jesús, lo curó y proclamó a grandes gritos  lo que Jesús había hecho con él a pesar de que le pidió que callara.
         Tal vez nosotros también necesitamos acudir a Jesús con humildad  suplicando que nos cure para que sepamos escuchar, podamos cambiar de forma de pensar y de vivir,  proclamar la salvación de Dios con alegría, y denunciar todo cuanto es contrario al mensaje de Jesús que quiere el bien para todos los hombres.
         Sólo cuando la voz del Señor llegue a lo más profundo de nuestro corazón podremos anunciar sin miedo el mensaje de Jesús.
         Que esa sea hoy nuestra oración, nuestra súplica y nuestro compromiso en esta Eucaristía.

CULTO VACIO

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 30 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
Este pasaje del Evangelio siempre me ha producido un cierto remordimiento de conciencia y una cierta inquietud por la valoración que algunos cristianos hacen o hacemos de ciertas prácticas religiosas.
1.- El remordimiento de conciencia me surge cuando escucho al Señor decir: “me honran con los labios pero su corazón está lejos de mi”
Todos mis actos deberían reflejar que el Señor es el centro de mi vida, que ha llenado mi corazón de su Amor y que todos reflejan el amor que ha puesto en mi corazón y ponen de manifiesto su presencia.
Todo cuanto hago debe manifestar la misericordia del Señor hacia los más pobres y necesitados, los más excluidos y menos amados; y no sé si siempre es así y si el Amor de Dios es el motor de todas mis acciones.
2.- La inquietud por la valoración de ciertas prácticas religiosas que hacen o hacemos algunos cristianos, me lleva a plantearme muchas preguntas, porque siendo buenas en sí mismas esas prácticas, dejan en segundo lugar otras que a mi entender son más necesarias e importantes. Por ejemplo:
• Tiene más importancia guardar abstinencia en Cuaresma que ir a Misa los domingos o que rezar todos los días?
• Es más grave no cumplir una promesa que criticar, juzgar, murmurar humillar…?
• Es más cierto pensar que Dios me castigará si no cumplo una promesa, que confiar en la misericordia del Señor que siempre me perdona, me quiere, me comprende, me ayuda, y me regala su abrazo de amor en el sacramento de la Confesión?
Y así podríamos hacer una larga lista de prácticas piadosas que dejan a un lado otras que son más importantes porque son las que el Señor nos propone o nos pide como lo que a El le gusta.
3.- Es cierto que a veces hacemos las cosas sin mala intención y sin querer y más bien por ignorancia; pero hay otras que están cargadas de una intención que no es totalmente limpia y recta.
Necesitamos hacer una profunda revisión de nuestra vida, un sincero examen de conciencia y ponernos delante del Señor con humildad para pedir perdón, pero con el propósito de que nuestro culto le sea agradable porque no sea superficial ni vacío sino lleno de Amor y hecho con el corazón.

DECEPCIONADO

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 23 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
         1.- “Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso?”
         Esa es la expresión que utilizaron muchos de sus discípulos cuando le oyeron hablar de comer su cuerpo y su sangre, unido a las exigencias de vivir y comportarse de otra manera en relación a Dios y a los demás. Y a partir de entonces muchos dejaron de ir con El.
         Es fácil darnos cuenta de que esa expresión también es utilizada por muchos cristianos. ¿Quién puede poner en práctica el mensaje de Jesús y sus exigencias? Hoy son otros tiempos, no se puede vivir así.
Y Jesús sabe, como entonces, que también nosotros le criticamos.
 
         2.- Es cierto que poner en práctica el mensaje de Jesús nos obliga a salir de nosotros mismos, a dejar a un lado nuestros criterios y opiniones, a plantearnos la vida de otra manera en todos los aspectos; plantearnos otros objetivos y otras metas.  O como dice S. Pablo: Abandonar el hombre viejo y vestirnos del hombre nuevo.
         Esto no es fácil, pero Jesús nos recuerda que sólo sus palabras son Palabras de Vida;  que sólo el Padre es quien nos lleva hacia El y que sólo con la fuerza del Espíritu podemos hacer las cosas como El nos propone.
 
         3.- Con toda seguridad Jesús se sintió triste y decepcionado ante el abandono de tantos seguidores. Por eso les dijo a los doce: “¿También vosotros os queréis marchar?”
         Pedro le contestó: “¿Señor a quien vamos a ir? Tu sólo tienes Palabras de Vida Eterna”
         Ante el abandono y el alejamiento de tantos cristianos que se deciden por caminos y proyectos más cómodos buscando ser felices de otra manera, aunque no lo consiguen, también Jesús se siente triste y decepcionado,  nos mira con tristeza y nos pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?
         Pedro le contestó sin dudar, ¿A dónde vamos a ir? Sólo en Ti encontramos lo que andamos buscando.
         ¿Qué contestamos nosotros?
¿Cuántas veces nos hemos alejado de El
¿Cuántas veces hemos hecho el intento de escaparnos?
¿Cuál es la firmeza de nuestra fe?
Cada uno sabemos  qué lugar ocupa Jesús en nuestra vida y en nuestro corazón. Y sólo cada uno sabemos lo que estamos dispuestos a contestar.
No le defraudemos. No le pongamos triste. No nos engañemos  a nosotros mismos porque sólo Él tiene palabras de vida eterna.

UNA SUMISIÓN QUE ES RECÍPROCA

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 23 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
Quizás de las lecturas que hemos escuchado en este domingo, la que más ha quedado resonando en nuestros oídos ha sido la segunda lectura del Apóstol Pablo a los Efesios (5, 21-33). Y se nota por la cara sonriente de algunos esposos, que hacen seña a la esposa para que pongan más atención, cuando el Apóstol dice: Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer…”. Pero no nos quedemos sólo en este versículo, es necesario ver todo el texto en su conjunto, para penetrar en el pensamiento del autor de la carta. Pablo pone su mirada en el matrimonio y pone de manifiesto las obligaciones mutuas entre los cónyuges: por un lado la mujer debe someterse, y por otro el hombre debe amar a la mujer como Cristo amó a la Iglesia, hasta dar la vida. Cuando Pablo habla de someterse, no está hablando en categoría jurídicas, es decir, que por el consentimiento matrimonial la mujer no pasa a ser una posesión del hombre, como si se tratase de un objeto, una cosa que ahora le pertenece y que puede utilizar, nada que ver con esto. El someterse es una exigencia del AMOR entre los esposos, exigencias que están cimentadas en el amor y donde hay amor no hay posesión del uno hacia el otro, lo que existe es donación mutua y entrega generosa.
Por tanto, la sumisión no es solo para la mujer, sino que es recíproca, por eso el texto continúa diciendo: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5,25). El amor de Cristo a la Iglesia es un amor de entrega total, hasta dar la vida. El amor del marido a su mujer debe conducirle, por tanto, a entregarse por ella como Cristo se entregó a la Iglesia para salvarla mediante la donación redentora de su vida. La razón de la sumisión recíproca es, por consiguiente, el amor que les une y que, para ser un amor de verdad, debe ser un amor de entrega total de sí mismo del uno para con el otro. El amor hace que simultáneamente también el marido esté sujeto a la mujer.
El amor de Cristo por la Iglesia, es un amor que constantemente se está renovando y la entrega de Cristo por la Iglesia siempre se actualiza en cada Eucaristía, por lo que la Eucaristía es expresión del amor profundo de Cristo por la Iglesia, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto que sellada con la sangre de la cruz.. Así de este modo, los cónyuges deben renovar cada día el Sí que dieron delante del Señor el día de la boda, para mantener siempre el amor que se prometieron para toda la vida. Pidamos al Señor, que tiene Palabras de vida eterna, que los matrimonios vivan siempre desde el plan de Dios y que las familias que se fundan en el sacramento del matrimonio, sean auténticas comunidades de vida y amor y verdaderas Iglesias domésticas. Que cada celebración eucarística sea fuente de amor para las relaciones matrimoniales que con el paso del tiempo han venido perdiendo vigor y que muchas están en crisis. Que los matrimonios en dificultad sepan descubrir que aún en las relaciones matrimoniales más difíciles, Dios tiene una Palabra que ofrecer, una Palabra que cuando es acogida es capaz de transformar toda relación difícil.
P. Julio

SED SABIOS

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 16 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
         1.- “Dejad la inexperiencia, seguid el camino de la prudencia”
         Según el libro de los Proverbios, la experiencia y la prudencia son frutos de la sabiduría. Cuando creemos que lo sabemos todo, que nuestros criterios son los mejores, que no necesitamos que nadie nos enseñe porque a lo largo de la vida hemos aprendido mucho y podemos decidir, aconsejar, caminar en una dirección con seguridad y sin miedo, es cuando más fácilmente nos podemos equivocar.
         No tenemos la verdad en exclusiva. No somos poseedores y dueños de toda la verdad. Lo que sabemos es desde nuestro ángulo de visión y por tanto siempre es parcial y subjetivo. Es necesario aprender a escuchar, a descubrir, reconocer y enriquecernos con la parte de verdad que tiene el otro; a pedir consejo. Así saldremos de la inexperiencia y a la vez escogeremos y decidiremos con prudencia, con cuidado de no equivocarnos, con interés de escuchar y contrastar nuestros criterios.
         Dejaremos de ser autoritarios, autosuficientes y orgullosos, y encontraremos desde la humildad el camino de la verdad y la sabiduría.
         2.- Cuando todo esto tiene que ver con nuestra vida cristiana conviene:
A/ Que en primer lugar escuchemos a S. Pablo en su carta a los Efesios: “No seáis insensatos, sino sensatos; no estéis aturdidos; daos cuenta qué quiere el Señor.
         Esto añade a la reflexión anterior la necesidad de escuchar y reflexionar la Palabra de Dios y escuchar también la voz de nuestra conciencia que nace de la presencia de Dios en nosotros, de modo que caminemos por la senda del bien  y de la verdad que el Señor nos propone y seamos verdaderamente sensatos, prudentes y sabios.
B/ Es cierto que con frecuencia ese camino no es fácil ni cómodo. El Señor lo sabe y nos lo advirtió. Pero también nos dice hoy que “El es el Pan de vida” y quien  come de ese Pan “Habita en Mi y Yo en él”.
         Siempre contamos con el apoyo, la compañía, la fortaleza del Señor,  sean fáciles o difíciles nuestros caminos o los distintos momentos de nuestra vida.
         La Palabra de Dios de este domingo nos invita a prestar más atención al Señor abriendo más nuestros oídos a Él cada día y a alimentarnos con frecuencia de su Pan para que habite en nosotros y sea mayor nuestra alegría y nuestra fortaleza.

PAN VIVO BAJADO DEL CIELO

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 16 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
En estos domingos anteriores, hemos venido escuchando el capítulo 6 del Evangelio de San Juan. Jesús mismo a modo de catequesis quiere dar a conocer el misterio del “Pan vivo bajado del cielo”, que es Él mismo. El domingo pasado escuchábamos que la gente había sentido resistencia frente a las palabras de Jesús, cuando dijo: “He bajado del cielo”. Inmediatamente los que le escucharon dijeron: pero si conocemos a su mamá, sabemos quién es su papá, le conocemos a él, sabemos que se llama Jesús. ¿Cómo entonces, dice que viene del cielo? De este modo, la Encarnación de Jesús suscito una dificultad, a la gente se le hacía difícil comprender tal misterio.
En el Evangelio que hemos escuchado hoy, que es continuación del domingo pasado, nos encontramos con otra resistencia por parte de la gente. Jesús dice: “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”, al instante, la gente comienza a comentar y a preguntarse: ¿Cómo puede éste hombre darnos a comer su carne? Les resultaba extraño lo que Jesús enseñaba. Ante los cuestionamientos, Jesús no vacila en su enseñanza y trata de profundizar en el misterio que está revelando. Por eso en el Evangelio que hemos escuchado, nos encontramos con 7 afirmaciones de Jesús donde trata de aclarar su doctrina y a la vez la importancia de acogerla:
1. “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”.
2. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.
3. “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.
4. “El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él”.
5. “Así como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mí”.
6. “Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados, ellos murieron”.
7. “El que coma de este pan vivirá para siempre”.
Las siete afirmaciones parecieran que están formuladas de la misma manera, o que se repite lo mismo. Pero no es así, en cada afirmación Jesús agrega algo nuevo. Y si nos hemos fijado, en las siete afirmaciones se repite siempre la misma palabra: “Comer”, comer significa: asimilar, saber decir el Amén eucarístico, hacer verdaderamente la comunión. En la Eucaristía no contemplamos a un Jesús distante, escondido, lejano, sino que al comer su cuerpo lo encarnamos en nuestra vida, nos hacemos uno con él, se hace compañero de camino. Por tanto, cada vez que nos acercamos a comulgar, estamos llamados a asimilar el pan, que es Cristo. No podemos decir que hemos desayunado simplemente colocando el pan sobre la mesa, mirarlo un par de minutos y decir que ya desayunamos !no es así! Necesariamente tenemos que coger el pan y comerlo. En el Salmo responsorial hemos repetido en la antífona: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. Desde aquí descubrimos la invitación que nos hace el Señor en este domingo, a que nos acerquemos a comer del pan que él nos da en cada Eucaristía y que es su propia carne, para hacerse uno con nosotros, para darnos fuerza en nuestras debilidades y animarnos en nuestra vida. Pidamos al Señor para que siempre sintamos hambre de él. Amén!!!!!!

¿POR QUÉ COMEMOS?

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 9 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
         Siempre me ha llamado especialmente la atención la experiencia del profeta Elías que nos narra la primera lectura: Cansado y desanimado  le dice el Ángel del Señor: Come y bebe. El camino es superior a tus fuerzas.
         Elías comió y bebió y con aquel alimento tuvo fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Horeb, el monte del Señor.
         1.- Deseo subrayar en primer lugar que el camino es superior a sus fuerzas.
         Es así como nos  vemos nosotros cuando queremos emprender en serio el camino de nuestra vida cristiana. Un camino y unas dificultades que están muy bien descritas por S. Pablo en la carta a los Efesios:
+ Desterrad de vosotros toda amargura, ira, enfados, insultos, toda maldad.
+ Sed buenos, comprensivos, perdonaos unos a otros como hace Jesús con cada uno de vosotros.
+ Vivid en el Amor como Jesús os ama.
         A poco que revisemos nuestra vida nos daremos cuenta que nos resulta especialmente trabajoso, sobre todo cuando hemos de amar y perdonar como lo hace Jesús con nosotros. Por eso el Ángel, como a Elías, nos dice a nosotros: Come y bebe. Necesitas fuerzas. Elías comió el pan y tuvo todas las fuerzas que necesitaba.
         Jesús nos da a comer su Pan: el pan de su Palabra y el pan de su Cuerpo; alimentos de vida eterna que nos dan toda la fuerza que necesitamos para superar las dificultades, las tentaciones, las debilidades, los cansancios…, y ser siempre fieles al Señor y coherentes con nuestra condición de cristianos.
+¿Venimos a celebrar la Eucaristía por obligación, por costumbre, rutinariamente?
+¿Porque de verdad la necesitamos?
         Si dejamos de rezar y no echamos en falta el encuentro diario con el Señor. Si faltamos con frecuencia a la Eucaristía y no necesitamos alimentarnos del Pan de Jesús… es que Jesús no es nuestro amor primero, no ocupa el lugar más importante de nuestra vida. Es porque no hemos descubierto la importancia de ser amados por El y de corresponderle nosotros.
         El roce hace el cariño, dice nuestro refranero. Quizá eso es lo que nos falta con el Señor. Aprovechemos las vacaciones  para que nuestro “roce” con El sea frecuente  y así aprendamos también a amarle más y a necesitar del Pan de Vida que El nos da.