ALEGRÍA

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 15 de Septiembre de 2019

REFLEXIÓN

          1.- En el pasaje del Éxodo que hemos escuchado en primer lugar, la Palabra de Dios nos presenta a un Dios enfadado con su pueblo porque se han alejado de Él; se han hecho un becerro de oro y se han apartado del buen camino, y por ello los quiere castigar.

          Es un pueblo de dura cerviz, un pueblo cabezota, que siempre comete los mismos errores.

          La oración suplicante de Moisés hace prevalecer el corazón misericordioso de Dios que por encima de todo ama a su pueblo.

          Esa imagen de Dios Bueno y Misericordioso en su relación con los hombres, es la que quiere subrayar Jesús y la que quiere que quede grabada en el corazón de todos los que le escuchan, especialmente los escribas y los fariseos que sólo quieren criticar y acusar. Y lo hace con las parábolas que hemos escuchado en el Evangelio.

          2.- Nosotros nos podemos reconocer en esa oveja que se aleja del pastor y del rebaño, que se pierde, que anda desorientada y rodeada de peligros, y en esa moneda valiosa que pierde la mujer y que para ella es un gran disgusto.

          En ocasiones nos apartamos del rebaño, de la comunidad parroquial, buscando otros caminos en los que encontrar el sentido de nuestra vida, o buscando otros dioses pensando que nos harán más felices, sin darnos cuenta de que estamos rodeados de peligros, de malas influencias, de malos ambientes, de malos amigos.

          Al final terminamos sintiéndonos vacíos, desorientados, sin saber qué hacer, por donde caminar, con fiestas y comportamientos que nos dejan un sabor amargo porque no es ahí donde nos sentimos a gusto con nosotros mismos.

          Y justificamos nuestro comportamiento con razones y escusas que nosotros sabemos muy bien que no valen porque son falsas y artificiales.

          2.- Dios, en cambio, es un padre Bueno. Para Él somos muy valiosos como la oveja para el pastor o la moneda para la mujer. Le apena que nos apartemos de Él y por eso no deja de buscarnos, de utilizar todos los medios a su alcance para recuperarnos: Con Su Palabra cuando la escuchamos con atención en cada celebración, con la voz de nuestra conciencia que nos recuerda constantemente lo que estamos haciendo mal, con los amigos que ven que estamos estropeando nuestra vida y constantemente nos hablan, nos cogen de la mano, se esfuerzan por atraernos hacia el camino que hemos abandonado y al encuentro con el Señor.

          3.- Dios no busca al pecador para castigarle. Dios no regaña, no pide explicaciones, no castiga, no juzga, no condena.

          Dios es el Pastor Bueno que sale a nuestro encuentro, que nos carga sobre sus hombros, que se alegra porque nos ha encontrado y quiere devolvernos nuestra dignidad de hijos suyos y la alegría de estar de nuevo en el rebaño con la compañía, la ayuda, el apoyo y el cariño de todos.

          Cuando nos detenemos un poco a reflexionar y pensar qué estamos haciendo con nuestra vida, estas parábolas nos recuerdan no sólo la pena y tristeza de Dios por habernos perdido, sino también la que sentimos cuando nos damos cuenta que estamos desaprovechando la vida. Y nos recuerdan también que tenemos la posibilidad de dejarnos encontrar por Dios y recuperar la alegría de volver al buen camino, la alegría de sentir el abrazo de Dios porque para Él somos valiosos e importantes y no quiere que nos vayamos de su lado.

         Pensemos un poco si queremos dejarnos encontrar por Dios y sentir su abrazo de Padre en el Sacramento de la Confesión.

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