DIVISION

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 18 de Agosto de 2019

REFLEXIÓN

          1.- En el Pueblo de Israel el fuego tenía la consideración religiosa de ser signo de purificación y de la presencia de Dios en medio del Pueblo.

++El fuego que quemaba las víctimas ofrecidas en sacrificio hacía subir hasta la presencia de Dios las llamas del amor y de las buenas intenciones con que los judíos hacían sus ofrendas. Quemaba y destruía lo que consagrado a Dios ya no pertenecía a los hombres.

++Es un elemento purificador porque quema todo lo malo y lo inútil que hay en el corazón de los hombres. El fuego del Amor purifica las intenciones, los deseos, los pensamientos y cuanto aparta al hombre del Corazón de Dios, y así pueda presentarse ante Él con las manos y el corazón limpios.

++Es signo de la Presencia de Dios en medio del Pueblo. Recordemos como una zarza ardiendo con un fuego que no se consumía fue el primer encuentro de Moisés con Dios; una columna de fuego guiaba a Israel cuando caminaba por el desierto por la noche; el fuego cubría  la cumbre del monte cuando Moisés se presentaba ante Dios.

++Las lenguas de fuego sobre los Apóstoles fue la manifestación del Espíritu Santo cuando descendió sobre ellos.

 

          2.- Jesús tiene un infinito deseo de que el mundo esté ardiendo en el fuego del Amor de Dios. Es el deseo de que el Espíritu renueve todas las cosas, que los corazones de piedra se transformen en corazones de carne, que abunde la misericordia, la bondad, la justicia, el diálogo, la paz.

          Aunque parezca contradictorio, Jesús afirma que no ha venido a traer paz, sino división, porque cuando somos fieles a su mensaje, cuando estamos comprometidos en la construcción del Reino de Dios y de un mundo mejor, nuestra forma de vivir, nuestros criterios, nuestra forma de actuar, sufre un duro rechazo, incluso con violencia, por quienes viven de espaldas a Dios y colaboran en la presencia del mal en el mundo.

          Ese rechazo puede ser, incluso, por quienes más nos conocen y nos quieren, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, porque cuestiona su modo de vivir y de actuar opuesto al Evangelio.

Por eso nuestro mundo y nuestra vida está en una constante tensión entre el bien y el mal, entre la paz de nuestro corazón que ilumina el camino de nuestra vida y nuestras obras, y la oscuridad propia de nuestras debilidades, de nuestros errores y las tentaciones que nos empujan hacia lo malo. Una tensión que hemos de aprender a soportar sin que nos arrastre hacia el mal.

 

          3.- Pidamos al Señor que nos haga arder en el fuego de su Amor para que podamos poco a poco incendiar el mundo.

          Pidamos también su fortaleza para luchar contra el mal y soportar los rechazos que podamos sufrir por ser fieles a nuestra fe.

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