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 DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 21 de Julio de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Acoger al peregrino, ofrecerle comida y cobijo para descansar y recuperar energías, es una costumbre propia de la cultura de los pueblos orientales, sobre todo de los pueblos nómadas.

          Ese es el comportamiento que tiene Abraham con los caminantes que se acercan a su tienda, sin darse cuenta hasta el último momento, que en esos caminantes ha acogido a Dios, de modo que su bondad y generosidad ha sido bendecida con un hijo que dará origen a un pueblo grande.

 

          2.- Del mismo modo Jesús fue acogido en casa de Marta y María.

          Marta, deseando ofrecerle lo mejor, anda tan inquieta y atareada, por tantas cosas propias del servicio, que olvida hacer caso al invitado. Está estresada, agobiada, con la sensación de que no llega a todo y se queja a Jesús de que su hermana no le ayuda.

          El Señor la regaña dulcemente haciéndole caer en la cuenta de que María está con Él para que no esté solo, le acompaña, le escucha, manifestando interés por lo que Jesús le dice, y que esa es una manera de acogerle con amor que además enriquece su corazón.

 

          3.- En nuestra cultura y nuestra forma de vivir hacemos las cosas como Marta. Todo lo hacemos corriendo, estamos estresados, inquietos, porque hemos de hacer tantas cosas que no llegamos a todo, y hemos perdido lo más importante: la capacidad de acoger al que se acerca a nosotros con calma, prestándole atención, dedicándole tiempo, procurando que no se sienta solo, interesándonos por sus cosas.

          Olvidamos que lo más importante no es hacer muchas cosas, sino hacerlas bien. Y que para hacerlas bien lo más importante es escuchar; escuchar al que se acerca a nosotros y escuchar al Señor que nos recuerda la importancia de hacer todas las cosas con el corazón.

 

          4.- Tal vez ese estrés y esas prisas afectan también a nuestra relación con el Señor. Nos pasa como a Marta: Tenemos tantas cosas que hacer que no tenemos tiempo para estar con Él sentados a sus pies, disfrutando de su compañía, para hablarle de nuestras cosas, para escucharle con atención cuando con su Palabra y su voz quiere llegar a nuestro corazón.

          Tal vez también nos dice el Señor a nosotros lo mismo que a Marta: “Andas corriendo y preocupado por tantas cosas, que te estás perdiendo la parte mejor”.

          Sin llenar nuestro corazón de la presencia del Señor, no podemos acoger y servir a los demás como se merecen.

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