HACER EL BIEN Y AGRADECER

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 13 de Octubre de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Como ya sabéis, en tiempos de Jesús la lepra era considerada una grave enfermedad consecuencia de enormes pecados, contagiosa y propia de personas impuras. Por eso los leprosos debían vivir alejados, excluidos de la sociedad y llevando una campanilla que anunciara su presencia.

          Diez leprosos oyen que se acerca Jesús y gritando suplican que tenga compasión de ellos. Jesús les envía a que se presenten a los sacerdotes -eran los sacerdotes los encargados de afirmar su curación- y mientras van de camino quedan curados.

          De los diez, sólo uno, que era extranjero (los samaritanos no pertenecían al pueblo judío y por tanto no tenían derecho a la salvación de Dios), regresa para alabar, bendecir y dar gracias a Dios por su curación.

          Jesús manifiesta su asombro y de alguna manera su decepción por la falta de gratitud de los otros nueve que también habían sido curados.

 

          2.- Este acontecimiento de la vida de Jesús nos hace pensar en varias cosas:

++ Si nos damos cuenta de cuantas heridas de nuestro cuerpo y nuestra alma ha curado el Señor. Si reconocemos que esas curaciones son la manifestación de su amor por nosotros. Si nosotros, asombrados por tanto amor, alabamos, bendecimos y agradecemos a Dios tanto bien que recibimos de sus manos, muchas veces sin haberlo pedido.

++ Hemos de darnos cuenta de que este relato es una llamada a que nosotros hagamos el bien a manos llenas sin fijarnos a quien se lo hacemos y sin poner condiciones. Y hacerlo siempre, aunque en algún momento nos sintamos decepcionados porque no lo han aprovechado ni nos lo han agradecido.

++ Valorar a tantas personas que cerca de nosotros hacen el bien y que, quizá nos sorprenderemos de que muchas de ellas no son creyentes o no practicantes pero que manifiestan más sensibilidad que nosotros ante el sufrimiento y las necesidades de los demás.

++ También hoy es una ocasión de darnos cuenta de las ayudas que recibimos de las personas que nos rodean, que nos acompañan en nuestro caminar por la vida, que nos dan ejemplo de buen corazón y sincera generosidad, y a las que quizá se nos olvida darles las gracias. De ellas tal vez tendríamos que aprender.

 

          3.- Pidamos al Señor en esta Eucaristía, que nos ilumine para revisar nuestro corazón, descubrir si somos agradecidos, si hacemos el bien a manos llenas y nos ayude a ser generosos como El lo es con nosotros.

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