PALABRA Y MISIÓN

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 20 de Octubre de 209

REFLEXIÓN

          1.- Os propongo no sólo escuchar, sino leer con atención la segunda lectura y reflexionarla detenidamente para poder preguntarnos qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida.

          Si hace dos domingos las lecturas nos invitaban a reflexionar y preguntarnos si tenemos fe, hoy nos proponen recordar que nuestra fe nace, crece y se fortalece si la alimentamos con la oración y con la Palabra de Dios.

 

          2.- La oración, que es un encuentro personal con el Señor en el que hablamos con Él haciéndole partícipe de todas las situaciones de nuestra vida poniendo en sus manos nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras preocupaciones, nuestros proyectos, debe ser también, como nos dice Jesús, una oración constante, insistente, confiada, porque si Dios es un Padre bueno y quiere lo mejor para nosotros, ¿cómo no nos va a escuchar?

 

          3.- Pero también en la oración debe estar presente la Palabra de Dios dándole la importancia que tiene, porque es lo que Él quiere decirnos en ese momento hablándonos directamente al corazón y nuestra actitud debe ser la de una escucha atenta e interesada.

          Fijémonos lo que nos dice S. Pablo:

++ Las Sagradas Escrituras son las que nos dan la sabiduría que nos conduce a la salvación. Una sabiduría que nos debe guiar y en la que hemos de permanecer.

++ Porque la Sagrada Escritura es la que es útil y sirve para enseñar, para aprender, para corregir, para educar en la justicia, para fortalecer nuestra fe, para ensanchar el corazón llenándolo del Amor de Dios, la que nos indica el camino que hemos de seguir y la que nos mantiene firmes en la alegría y la esperanza.

 

          4.- Hoy es el DOMUND, el Día de las Misiones. Todos somos misioneros. Todos somos enviados a anunciar el Evangelio con nuestras palabras y nuestras obras. Hagamos pues nuestro el mandato de S. Pablo a Timoteo:

          “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda generosidad ofreciendo buena doctrina”.

          Revisemos, pues, nuestro compromiso misionero con el ejemplo de nuestra vida y con nuestra palabra, y no escondiendo nuestra condición de cristianos.

          Recemos por todos los misioneros que en lugares especialmente difíciles y con grandes dificultades están llevando el mensaje de Jesús y haciendo presente el amor de Dios.

          Y pidamos también al Señor que nos ayude a no olvidar que debemos dejar que su Palabra ocupe un lugar importante en nuestra vida y en nuestra oración.

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