RESUCITAR

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 10 de Noviembre de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Las lecturas de hoy nos recuerdan que nosotros creemos en la resurrección y que por eso rezamos por los difuntos y pedimos la intercesión y la protección de quienes creemos que están en el cielo. Sin embargo, ¿Por qué tenemos miedo a la muerte?

 ¿Por el miedo al sufrimiento que la acompaña con frecuencia? ¿Por miedo a lo desconocido?

          Hemos perdido la costumbre de pensar en el Cielo. Hemos olvidado la dimensión trascendente de nuestra vida: porque hemos sido creados para ser eternos. Nuestra vida ha tenido un principio, pero no tendrá fin, somos eternos.

Por lo tanto, la muerte no es el final sino el principio porque con la muerte la vida no termina, se transforma. Ha finalizado la etapa de nuestro paso por la tierra, pero comienza una etapa nueva: nuestra vida en el Cielo, nuestra vida en la Casa del Padre en donde tenemos preparada nuestra morada, tal como lo dijo Jesús, para poseer en plenitud esa participación en la Vida de Dios que se nos regaló en el Bautismo.

 

          2.- Cabe preguntarnos también: ¿Cómo llegar a la Casa del Padre? ¿Cómo llegar a donde está Jesús? La respuesta nos la dio Él mismo: Jesús es el camino. O lo que es lo mismo, vivir como Él vivió, hacer lo que Él hizo, Amar como Él amó, poner en práctica sus enseñanzas.

          Esa es nuestra fe, es lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos indica el camino que hemos de recorrer y la senda por la que hemos de caminar.

          Es ver hecha realidad nuestra esperanza. Es entender y vivir lo que es Dios: la plenitud del Amor, de poder amar y de ser amados.

 

          3.- Nuestra fe debe encauzar toda nuestra forma de vivir y hoy quiero subrayar tres aspectos:

++Esforzarnos en ser ricos en bienes eternos, esos bienes que brotan del Amor, que nadie nos podrá quitar y que llevamos siempre en nuestra mochila. Y a la vez no estar tan preocupados por los bienes temporales y caducos que sólo sirven para poder vivir con dignidad durante nuestro paso por la tierra pero que no tienen un valor eterno.

++Vivir mirando al Cielo de forma que vayamos haciendo crecer nuestro deseo de vivir en plenitud la Vida Nueva de Jesús Resucitado.

++Mirar la muerte con otros ojos y, aunque duele separarnos por un tiempo de las personas que nos aman y a las que amamos, pensar en la muerte sin miedo, sino con serenidad e incluso con alegría porque es el comienzo de nuestra vida nueva en la eternidad de Dios, porque se puede llorar de dolor y a la vez sonreír de esperanza.

Una vida nueva en la que nos encontraremos con todos aquellos con los que hemos compartido nuestro paso por la tierra, a los que hemos estado unidos por lazos de sangre de amistad y de fe, pero sobre todo con lazos de Amor.

          Eso es lo que refuerza nuestra fe y nuestra esperanza porque creemos en un Dios de vivos, en el Dios de la vida. Esa fe es la que nos empuja a rezar por nuestros difuntos y pidiendo a los santos y a quienes queremos y nos quieren que nos cuiden desde el Cielo y que intercedan por nosotros ante el Señor.

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