SAMARITANOS

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 14 de Julio de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Quizá porque nos resulta conocida, cuando leemos o escuchamos esta parábola podemos caer en el error de pensar que ya nos sabemos su enseñanza. Sin embargo, si nos detenemos y nos preguntamos a cuál de todos los personajes de los que aparecen nos parecemos nosotros, nos podemos llevar una sorpresa.

++A lo mejor nos parecemos al salteador de caminos que deja abandonado, sin trabajo, sin vivienda, en la cuneta de la vida al pobre que no puede o no sabe defenderse, que no tiene amigos, no tiene quien le ayude, le defienda, le proteja, le cuide, cuando está solo, enfermo, desorientado.

++O nos parecemos al que por cumplir con nuestras prácticas religiosas (llegamos tarde a misa, a una reunión, a una charla…), por no perder tiempo, por no complicarnos la vida, aunque sabemos muy bien que hemos de amar a los demás sin poner excusas, pasamos de largo como si no lo viéramos, o damos un rodeo para no ayudar.

 

          2.- Jesús pone ante nuestros ojos el comportamiento de un samaritano. Lo hace a propósito, porque los samaritanos eran considerados ateos, pecadores, personas de las que no hay que fiarse.

          Y sin embargo es un samaritano el que se detiene, se acerca, le cura, lo monta en su caballo, lo lleva a la posada, gasta su dinero, su tiempo… para atender, cuidar, proteger, ayudar a aquel pobre hombre sin nombre, solo, sin dinero…

          Es el samaritano el que practica la misericordia.

 

          3.- Jesús termina la historia, que iba dirigida a los fariseos que le preguntaron con mala intención y a todos los hombres del ámbito religioso que, aparentando ser buenos, no hacen lo que predican y exigen a los demás, no con un consejo, con una moraleja, sino con un mandato: “Anda y haz tu lo mismo

          Lo más fuerte de esta parábola es que va dirigida a cada uno de nosotros, que somos personas religiosas, para que nos preguntemos si ponemos en práctica las enseñanzas de Jesús, si somos coherentes y nuestras acciones responden a lo que creemos, si nos comportamos como samaritanos ante quien nos necesita, si nos escandalizamos por el comportamiento de los demás, sobre todo cuando ese mal comportamiento lo tienen quienes deberían dar ejemplo; o por el contrario, somos nosotros los que damos un rodeo, pasamos de largo, damos mal ejemplo y escandalizamos, siendo a la vez muy exigentes con los demás.

          Lo más fuerte es que hemos de dejar que las palabras de Jesús resuenen potentemente en nuestro interior y nos preguntemos si tenemos la conciencia tranquila cuando escuchamos que Jesús nos dice: “Haz tu lo mismo.”

 

          4.- Que el Señor ilumine nuestra mente y nuestro corazón, fortalezca nuestra fe y nos ayude a vivir con alegría y coherencia las exigencias de nuestra condición de cristianos.

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