TENER FE

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 6 de Octubre de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Para el Pueblo Judío tener fe era creer que Dios, sin mérito de ellos y por puro Amor, los liberó de la esclavitud de Egipto, hizo de ellos un Pueblo grande y era siempre su protector, y a la vez, el Pueblo debía cumplir los mandamientos de la Alianza del Sinaí que se resumían en Amar a Dios con todas sus fuerzas, darle gracias, bendecirle, y Amar al prójimo como a sí mismos, como forma de corresponder a su Amor.

          Dios siempre fue fiel a su Pueblo, pero el Pueblo se olvidó con mucha frecuencia de lo que debía hacer o lo cumplía a medias. Por eso los discípulos le pidieron a Jesús: “Auméntanos la fe”.

          2.- ¿Qué es para nosotros tener fe?

          Cada uno podemos definirlo de manera diferente según nuestro modo de entender. Pero pienso que debemos fijarnos en como lo entendía el Pueblo de Israel.

          La fe es reconocer que Dios nos ama por pura iniciativa suya, que nos cuida, nos protege, nos acompaña, está siempre pendiente de nosotros. Que nos pregunta: ¿Me amas?  Y nuestra respuesta es: SI, Señor. Te amo y quiero amarte cada día más.

          ¿Qué repercusiones tiene esto en nuestra vida?

1.- Cuidar esa relación de amor entre Dios y nosotros, confiar en que El siempre es fiel a su amor, dejarnos amar por Él sin miedo y sin condiciones. Dedicar tiempo a esa relación para que cada día se consolide, sea más auténtica, más profunda. Que cada día demos un paso adelante en intentar amarle más y mejor.

Por lo tanto, que la oración, la Eucaristía, la lectura y reflexión de su Palabra… ocupen en nuestra vida el lugar importante que deben ocupar.

2.- Poner en práctica las enseñanzas que hemos recibido a través de la Palabra y la vida de Jesús. Que nuestra forma de pensar y nuestros criterios sean los de Jesús, y que nuestro modo de comportarnos y de vivir sea también el de Jesús, como expresión de nuestro amor a Dios.

          Eso supone conocer profundamente los Evangelios, preocuparnos de nuestra formación, revisar cada día si hemos intentado hacer las cosas como Jesús las haría para poder corregir y mejorar lo que sea necesario.

          3.- No siempre es así nuestra vida. Nosotros no somos perfectos. Nuestra fe es débil y Dios no ocupa el lugar que debe ocupar ni nuestra relación con Él es la de dos personas que se aman.

          Cuando nuestra fe es débil nos conformamos con lo mínimo y pensamos que así es suficiente, de modo que, cuando hacemos algo especialmente bien pensamos que hemos hecho méritos, que Dios nos debe premiar porque nos hemos esforzado, y nos olvidamos que simplemente hemos hecho lo que deberíamos hacer.

          4.- Dejemos que este pasaje del Evangelio ilumine nuestra vida.

+Pidamos al Señor que seamos humildes, que reconozcamos nuestra falta de coherencia y que no le pidamos premios, sino que nos pongamos ante Él reconociendo que sólo hemos hecho lo que debemos hacer.

+Y con la misma confianza y sinceridad de los discípulos, digámosle hoy: ¡Señor,  auméntanos la fe.! Para que así Le amemos más y confiemos más en Él.

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