ZAQUEO

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 3 de Noviembre de 2019
REFLEXIÓN
    1.- El pasaje del Evangelio de hoy nos propone fijar la atención en Zaqueo.
++Es un hombre pequeño de estatura en todos los aspectos: en lo físico, en su poca categoría humana y espiritual.
++Es un hombre rico porque ha robado cuanto ha podido a la vez que cobraba los impuestos. Por eso era considerado ladrón y pecador, y era despreciado por todo el mundo.
++Tiene curiosidad por ver a Jesús, ese personaje del que todos hablan, y pone todo su empeño para conseguirlo, subiéndose a una higuera porque, al ser bajito, la gente no se lo permitía.

     2.- Jesús, al pasar, se le queda mirando y le pide alojarse en su casa, manifestando así que Dios no deja de amar nada de lo que ha creado, como hemos escuchado en la primera lectura.
Zaqueo se alegra porque así queda muy bien ante todos los que le critican, y no duda en abrir su casa y sentarlo a su mesa manifestando así que acepta su amistad.
Jesús no entra sólo en su casa, sino que quiere también entrar en su corazón, y ese encuentro con Jesús cambia completamente la vida de Zaqueo convirtiéndolo en un hombre arrepentido de sus pecados, comprometido a devolver lo que había robado y a entregar a los pobres la mitad de sus bienes.
Jesús quiere ofrecer la salvación y la vida nueva a todos los que le aceptan y le acogen a pesar de las críticas de sus enemigos.

    3.- Nosotros tenemos muchas ocasiones en las que Jesús nos mira a los ojos: cada vez que escuchamos su palabra, que tenemos un momento serio de oración, o en el sacramento de la Confesión, o en algún acontecimiento importante de nuestra vida, nos mira a los ojos transmitiéndonos su amor y nos pide alojarnos en nuestra casa, esperando nuestra respuesta.
Seguramente le hemos respondido que sí. Pero podemos hacernos una pregunta: ¿Esos encuentros con Jesús han cambiado nuestra vida tanto como cambió la vida de Zaqueo? Quizá sí en alguna ocasión, pero lo habitual es que sigamos igual, que si cambiamos algo lo hacemos tan despacio que casi ni se nota. O que hayan servido de empujón en alguna pequeña temporada y luego nos hayamos olvidado y estemos como siempre.

    4.- Nos ayudaría bastante releer de vez en cuando este pasaje del Evangelio para animarnos a abrir nuestro corazón a la presencia de Jesús, recordar que nos ama y nos ofrece su amistad y dejar que vaya cambiando profundamente nuestra vida.

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